miércoles, 19 de diciembre de 2007

LAS MANOS ... DEL ABUELO ... ¡!!

… A mi Abuelo Manuel… mi recuerdo … tu pequeña … ¡!!
... ¡Nunca volveré a ver mis manos de la misma manera¡!! ... El abuelo, ... con noventa
y tantos años, ... sentado débilmente en el sillón del patio. ... No se movía, ... solo
estaba sentado ... cabizbajo, mirando sus manos. ... Cuando me senté a su lado no
se dio por enterado ... cuanto más tiempo pasaba, ... me pregunté si estaba bien. ...
Finalmente, no queriendo estorbar ... sino verificar que estuviese bien, ... le pregunté
cómo se sentía. ¿?? ... Levantó su cabeza, ... me miró y sonrió. ... “Sí,... estoy bien, ...
gracias por preguntar”,... dijo en una fuerte y clara voz. ... “No quise molestarte, abuelo...
pero estabas sentado aquí ... simplemente mirando tus manos ... quería estar seguro ...
que estuvieses bien”. ... Le expliqué. ... “¿Te has mirado alguna vez tus manos¿??” ...
preguntó. ... “Quiero decir, ... ¿realmente has mirado tus manos¿??” ... Lentamente abrí
mis manos y me quedé contemplándolas. ... Las volteé, ... palmas hacia arriba ... luego
hacia abajo. ... No,... creo que nunca las había observado ... mientras intentaba
averiguar qué quería decirme. ¿?? ... El abuelo sonrió y me contó esta historia: ...
“Detente y piensa por un momento en tus manos, ... cómo te han servido bien a través
de los años. ... Estas manos, ... aunque arrugadas, ... secas y débiles ... han sido las
herramientas que he usado toda mi vida ... para alcanzar, ... agarrar y abrazar la vida. ...
Ellas pusieron comida en mi boca ... ropa en mi cuerpo. ... Cuando niño, ... mi madre me
enseñó a plegarlas en oración. ... Ellas ataron los cordones de mis zapatos ... me ayudaron
a ponerme mis botas. ... Han estado sucias, ... raspadas ... ásperas, ... hinchadas
y dobladas. ... Se mostraron torpes ... cuando intenté sostener a mi hijo recién nacido. ...
Decoradas con mi anillo de bodas, ... le mostraron al mundo que estaba casado ...
que amaba a alguien especial. ... Ellas temblaron cuando enterré a mis padres ...
a mi esposa ... cuando caminé por el pasillo con mi hija en su boda. ... Han cubierto
mi rostro, ... peinado mi cabello ... lavado y limpiado el resto de mi cuerpo. ...
Han estado pegajosas ... húmedas. ... Y hasta el día de hoy, ... cuando casi nada más en
mí sigue trabajando bien, ... estas manos me ayudan a levantarme y a sentarme, ...
se siguen plegando para orar. ... Estas manos son la marca de dónde he estado y
la rudeza de mi vida. ... Pero más importante aún, ... es que son ellas las que D´os ...
tomará en LAS SUYAS ... cuando me lleve a casa. ... Y con mis manos, ... Él me levantará
para estar a su lado y allí utilizaré estas manos para TOCAR SU ROSTRO ”. ...
Nunca volveré a mirar mis manos de la misma manera. ... Pero recuerdo que D´os estiró
LAS SUYAS ... tomó las de mi abuelo y lo llevó de regreso a casa. ... Cuando mis manos
están heridas o dolidas, pienso en el abuelo. ... Sé que él ... ha recibido palmaditas y abrazos
de las manos de D´os. ... Yo también quiero tocar su rostro ... sentir SUS MANOS ...
en el mío. ... Nuestras manos son una genuina bendición… ¡!!

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VIDEO

El video es un regalo para todos uds.
El que guste se lo puede llevar ... mas
arriba esta el enlace con Youtube.
Que tambien tiene autorizacion para
hacerlo conocer al mundo. Gracias a
todos. Silvi.

La tierra

Niño indio, si estás cansado, tú te acuestas sobre la Tierra, y lo mismo si estás alegre, hijo mío, juega con ella... Se oyen cosas maravillosas al tambor indio de la Tierra: se oye el fuego que sube y baja buscando el cielo, y no sosiega. Rueda y rueda, se oyen los ríos en cascadas que no se cuentan. Se oyen mugir los animales; se oye el hacha comer la selva. Se oyen sonar telares indios. Se oyen trillas, se oyen fiestas. Donde el indio lo está llamando, el tambor indio le contesta, y tañe cerca y tañe lejos, como el que huye y que regresa... Todo lo toma, todo lo carga el lomo santo de la Tierra: lo que camina, lo que duerme, lo que retoza y lo que pena; y lleva vivos y lleva muertos el tambor indio de la Tierra. Cuando muera, no llores, hijo: pecho a pecho ponte con ella, y si sujetas los alientos como que todo o nada fueras, tú escucharás subir su brazo que me tenía y que me entrega, y la madre que estaba rota tú la verás volver entera. Gabriela Mistral

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