domingo, 6 de diciembre de 2009

LAS MAMÁS SOLO MUEREN CUANDO QUIEREN



Emiliano y Elizabeth
Mis mellizos
La primera foto en casa, a los 20 días de nacidos

Yo tenía 6 años cuando maté a mi mamá por primera vez.
No quería que estuviera junto a mí en mi 1º día de clase. Yo me consideraba lo suficientemente fuerte para enfrentar los desafíos que la nueva vida me traería.
Pocas semanas después descubrí aliviado que ella aún estaba allí, lista para defenderme de los compañeros agresivos que me amenazaban, y para auxiliarme frente a las dificultades de mis primeras cuentas.
A los 14 años la maté nuevamente.
No la quería imponiéndome reglas o límites, ni que me impidiera vivir la plenitud de los vuelos juveniles.
Pero enseguida, con la primera borrachera, felizmente la redescubrí viva, fué cuando ella no solo me curó de la resaca, sino que también impidió la vergonzosa paliza que recibiría de mi padre.
A los 18 años pensé que mataría a mi madre definitivamente, sin chances para la resurrección.
Había entrado a la facultad, me había mudado a la capital, hacía política estudiantil, actividades en que la presencia materna no cabía en ninguna hipótesis.
Ingenuo engaño:
cuando me descubrí confundido sobre que rumbo seguir, volví a la casa materna, único espacio posible de guarida y comprensión.
A los 23 años me dí cuenta que la muerte materna era posible, solo requería lentitud...
Fué cuando me casé, planté bandera de independencia y seguí viaje.
Pero bastó ver nacer a mi primera hija, para descubrir que ese ser llamado madre se transformaría en un especimen aún mas vigoroso llamado abuela.
Para quien aún no vivió la experiencia, abuela es madre en dosis doble...
A pesar de todo continué creyendo en la tesis de la muerte lenta y demorada, y de a poco me fuí sintiendo mas distante y autónomo, aún cuando a intervalos regulares ella reapareciese en mi vida desempeñando papeles importantes y únicos, papeles que solamente ella podría protagonizar...
Pero el final de esa historia, al contrario de lo que siempre imaginé, fué ella quien la definió:
cuando menos lo esperaba, ella decidió morir.
Así, sin mas, ni menos, sin pedir permiso, sin hora marcada u ocasión para la despedida.
Ella simplemente se fué, dejando la lección: las madres son para siempre.
Al contrario de lo que siempre imaginé, son ellas quienes deciden cuanto esta eternidad puede durar en la vida, y cuanto queda relegado para el etéreo terreno de la nostalgia...
No sé... Si la vida es corta o demasiado larga para nosotros,
Solo sé que debemos demostrar nuestro amor a las personas, mientras ellas están por aqui...
Es por eso que tenemos que amarla siempre!
Y no matarla en vida...
Nunca sabremos cuando ella vá a querer partir...
El vacío que queda, nunca conseguiremos llenarlo...
Para quien aún la tiene a su lado, ámala...
Abrázala siempre...
Y para quien ya no la tiene...
Guarda sus recuerdos en el mas precioso de los baúles...
Dondequiera que ella esté, debes saber que siempre vá a entender el mensaje... Vá a llorar cuando llores...
Vá a sonreir cuando sonrías...
Vá a velar por tu sueño, como lo hacía cuando eras un niño...
No esperes su partida para darle AMOR.
Un día vas a descubrir que tal vez la persona que mas te amó en la vida, fué ella...
Incondicionalmente...
Desde que surgiste en esta vida...
Si ella está a tu lado, dale un beso y un abrazo, y decile lo que ella siempre quizo oír:
MAMA, YO TE AMO! GRACIAS POR EXISTIR!
Y si ella ya no está a tu lado... Cierra los ojos y haz una oración por ella, agradeciendo por la vida y también diciendo que la amas...

"Generalmente, las madres, mas que amar a los hijos, se aman en los hijos”

(Friedrich Nietzsche)

4 comentarios:

Juan Carlos Lozano dijo...

Hermosos "los peques".... Como decimos aqui en Argentina (aunque otros no entiendan) !!!! Mamá, no te mueras nunca !!!!.... Por lo demás siemre es "de buena leche" (leche materna, claro).... No matar nunca a nadie.... Porque si algo hay que elegir siempre eso es la vida... Y vida para todos y cada uno.... En eso simplemente consiste el libre albedrío de la gente... El amor de una madre, está por encima de todo lo conocido... incluso encima del amor de la hembra.... porque la mujer elige dejar de ser hembra en el momento que es madre.... Y su amor a sus hijos es incondicional...

un beso buen fin de semana
juank.

Silvi (reikijai) dijo...

Juan Carlos...Los mios deben decir vieja dejate de joder...Jajaja.Bien decis el amor de esta mama... esta por encima de todo y de todos.Y si antes de partir,queda algo para mi,no te quepa ninguna duda, que lo voy a vivir. besitos.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

muchas de esas muertes se las provoqué igual a mi madre... pero verdaderamente no me gusta eso de la maté...yo usaría la jodí de vez en cuando un poquito... aunque creo que la que más cuando me casé...creo que eso no lo ha superado aún...besos

reikijai dijo...

Manuel...Eso no lo superan jamas.Cosa que no pasa con las hijas mujeres.Jajaja.Nosotras robamos los nenes.Besitos.

VIDEO

El video es un regalo para todos uds.
El que guste se lo puede llevar ... mas
arriba esta el enlace con Youtube.
Que tambien tiene autorizacion para
hacerlo conocer al mundo. Gracias a
todos. Silvi.

La tierra

Niño indio, si estás cansado, tú te acuestas sobre la Tierra, y lo mismo si estás alegre, hijo mío, juega con ella... Se oyen cosas maravillosas al tambor indio de la Tierra: se oye el fuego que sube y baja buscando el cielo, y no sosiega. Rueda y rueda, se oyen los ríos en cascadas que no se cuentan. Se oyen mugir los animales; se oye el hacha comer la selva. Se oyen sonar telares indios. Se oyen trillas, se oyen fiestas. Donde el indio lo está llamando, el tambor indio le contesta, y tañe cerca y tañe lejos, como el que huye y que regresa... Todo lo toma, todo lo carga el lomo santo de la Tierra: lo que camina, lo que duerme, lo que retoza y lo que pena; y lleva vivos y lleva muertos el tambor indio de la Tierra. Cuando muera, no llores, hijo: pecho a pecho ponte con ella, y si sujetas los alientos como que todo o nada fueras, tú escucharás subir su brazo que me tenía y que me entrega, y la madre que estaba rota tú la verás volver entera. Gabriela Mistral

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