miércoles, 9 de julio de 2008

LA OSTRA Y LA PERLA ... ¡!!

“Una ostra que no ha sido herida, no puede producir perlas"...
Las perlas son producto del dolor... resultado de la entrada de una sustancia extraña e indeseable en el interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena.
Las perlas son heridas curadas....
En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia lustrosa llamada NÁCAR.
Cuando penetra en la ostra un grano de arena, las células de nácar comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con capas y capas y más capas de nácar para proteger el cuerpo indefenso de la ostra.
Como resultado, se va formando una hermosa perla.
Una ostra que no fue herida de algún modo,
no puede producir perlas, porque la perla es una herida cicatrizada...
¿Te has sentido lastimado por las palabras hirientes de alguien?
¿Has sido acusado de haber dicho cosas que nunca dijiste?
¿Tus ideas fueron rechazadas o mal interpretadas?

¿O quizá fueron tomadas por alguien más para presentarlas como propias, negando tu participación?
¿Has sufrido los golpes de los que preconciben indebidamente?
¿Has sido objeto de la indiferencia?
ENTONCES,
¡PRODUCE UNA PERLA!
Cubre cada una de tus heridas
con varias capas de amor.
Son pocas las personas que se interesan
por estas disciplinas.
La mayoría sólo aprende
a cultivar resentimientos
dejando sus heridas abiertas...
alimentándose con sentimientos pobres,
que impiden que las lesiones cicatricen.
En la vida real vemos
muchas “ostras vacías”
no porque no hayan sido heridas,
sino porque no supieron perdonar, comprender y transformar
un dolor en amor.
Vale la pena sonreír
ante las heridas que recibimos
como un medio de crecimiento personal.

Aprendamos a cultivar PERLAS ...

abramos nuestros corazones, aunque nos lastimen ...

Nos convertiremos en verdaderos cultivadores de

HERMOSAS PERLAS ... सिल्विअज़क / Silvia Zak.

2 comentarios:

Juan Carlos Lozano dijo...

Heridas que lastiman,
que punzan, que desgarran,
heridas sin sutura
en el alma.
que pueden desangrarte,
desganarte, destruirte,
descentrarte, desasistirte.
heridas de una vida
en miedo de paisajes inospitos
y tambien hostiles.
de ritules que ampollan y encallecen.
de construcciones inacabadas
rotas, descuidadas,
que raspan, rasgan, rasguñan,
de seres que vociferan,
que roban, que matan,
que violan, maltratan, y aullan.
heridas que la vida dispone en el camino.
para que un dia pueda una caricia
llegar a su destino.
heridas que son como señales
puestas allí por el divino,
para que el amor tenga donde posarse
y el bien donde hacer su nido.
heridas para encontrar en el medio del camino
a quien es el hombre humano
y a quien es el ser divino
heridas para crecer siendo siempre uno mismo.
inimitable, insustituible, insondable
y a mitad de camino entre la salvaje tierra
y el cielo divino.

Un beso reikijai, me encanto mucho este escrito.
juank

Luis Miguel dijo...

Un saludo de todo corazón.
Gracias por tu magnífico blog. Me parece una pena que tus escritos no lleguen a más gente. Si me lo permites, me gustaría poner un enlace a tu blog desde el mío. No es que tampoco me visite muchos, pero así entre todos vamos aportando nuestro granito de arena.
También hice hasta la maestría de reiki hace varios años, aunque no me dedico a él profesionalmente.
Volveré amenudo por aquí.
Hasta pronto.

VIDEO

El video es un regalo para todos uds.
El que guste se lo puede llevar ... mas
arriba esta el enlace con Youtube.
Que tambien tiene autorizacion para
hacerlo conocer al mundo. Gracias a
todos. Silvi.

La tierra

Niño indio, si estás cansado, tú te acuestas sobre la Tierra, y lo mismo si estás alegre, hijo mío, juega con ella... Se oyen cosas maravillosas al tambor indio de la Tierra: se oye el fuego que sube y baja buscando el cielo, y no sosiega. Rueda y rueda, se oyen los ríos en cascadas que no se cuentan. Se oyen mugir los animales; se oye el hacha comer la selva. Se oyen sonar telares indios. Se oyen trillas, se oyen fiestas. Donde el indio lo está llamando, el tambor indio le contesta, y tañe cerca y tañe lejos, como el que huye y que regresa... Todo lo toma, todo lo carga el lomo santo de la Tierra: lo que camina, lo que duerme, lo que retoza y lo que pena; y lleva vivos y lleva muertos el tambor indio de la Tierra. Cuando muera, no llores, hijo: pecho a pecho ponte con ella, y si sujetas los alientos como que todo o nada fueras, tú escucharás subir su brazo que me tenía y que me entrega, y la madre que estaba rota tú la verás volver entera. Gabriela Mistral

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