lunes, 25 de febrero de 2008

“LA ESTUPIDEZ HUMANA “


Algunos nacen estúpidos, otros alcanzan el estado de estupidez,
y hay individuos, a quienes, la estupidez se les adhiere.


Pero la mayoría son estúpidos no por influencia de sus
antepasados o de sus contemporáneos.
Es el resultado de un duro esfuerzo personal.

Hacen el papel de tonto.

En realidad, algunos sobresalen y hacen el tonto cabal y perfecto.

Naturalmente, son los últimos en saberlo, y uno se resiste
a ponerlos sobre aviso, pues la ignorancia de la estupidez
equivale a la bienaventuranza.


Una ligera dosis de estupidez es tan improbable como un ligero embarazo.

La estupidez es esencialmente miedo, temor a la crítica, a otras
personas o al propio yo. Entre las dos guerras de Europa Central,

existió un insulto favorito, que adoptaba la forma de una pregunta.
Solía preguntarse:

“Dígame.... duele ser estúpido… ¿??”… Desgraciadamente, no duele.
Si la estupidez se pareciera al dolor de muelas, ya se habría
buscado hace mucho la solución del problema.

Aunque, a decir verdad, la estupidez duele....sólo rara vez
le duele al estúpido. … Y esta es una tragedia del mundo. ... ¡!!


R. Armour

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VIDEO

El video es un regalo para todos uds.
El que guste se lo puede llevar ... mas
arriba esta el enlace con Youtube.
Que tambien tiene autorizacion para
hacerlo conocer al mundo. Gracias a
todos. Silvi.

La tierra

Niño indio, si estás cansado, tú te acuestas sobre la Tierra, y lo mismo si estás alegre, hijo mío, juega con ella... Se oyen cosas maravillosas al tambor indio de la Tierra: se oye el fuego que sube y baja buscando el cielo, y no sosiega. Rueda y rueda, se oyen los ríos en cascadas que no se cuentan. Se oyen mugir los animales; se oye el hacha comer la selva. Se oyen sonar telares indios. Se oyen trillas, se oyen fiestas. Donde el indio lo está llamando, el tambor indio le contesta, y tañe cerca y tañe lejos, como el que huye y que regresa... Todo lo toma, todo lo carga el lomo santo de la Tierra: lo que camina, lo que duerme, lo que retoza y lo que pena; y lleva vivos y lleva muertos el tambor indio de la Tierra. Cuando muera, no llores, hijo: pecho a pecho ponte con ella, y si sujetas los alientos como que todo o nada fueras, tú escucharás subir su brazo que me tenía y que me entrega, y la madre que estaba rota tú la verás volver entera. Gabriela Mistral

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